lunes, 18 de enero de 2016

Los cuarenta de UNILLANOS

Por Alberto Baquero Nariño

Unillanos nació ajena a las humanidades y tal peste deja secuelas. Como Rector 1986-1988 insistí en que esas disciplinas fueran parte del currículo. Por ello los Piapoco construyeron las casas indígenas, adquirimos para la biblioteca, en la Oveja Negra donde Gabo era socio cinco mil volúmenes de libros de historia, literatura, economía, sociología, política, geografía, filosofía y, se contrató a la escritora Silvia Aponte para que investigara sobre tradición oral. El resultado fueron dos tomos de “El pescador de tradiciones”.

Hubo protestas comandadas por la enquistada godarria… “esos libros son el diablo, Gabo es un comunista que huyó del país; los indios alteraban la imagen arquitectónica de la ciudadela y, es un error una investigadora sin títulos académicos”.

Tal era la abundante mala leche causada por el clientelismo, ante lo cual, cada afectado con esa actitud mezquina, respondió con una  tarea creativa que ahora disfrutamos.

SALVAGUARDA PATRIMONIAL

Por Alberto Baquero Nariño

El sábado 28 en Cumaral se llevó a cabo una jornada sobre los Cantos de Vaquería, parte del Plan Especial de Salvaguarda de Carácter Urgente, en la manga de coleo. Jurados Hugo Mantilla y José David Oropesa. Personajes de Cumaral impulsan este programa de MINCULTURA a través de CIRPA que dirige Darío Robayo.

Quienes se presentaron para interpretar cantos de ordeño, de arreo, de vela y de cabrestero, fueron en su mayoría niños escogidos en diferentes planteles educativos de Cumaral, acompañados de sus familias.

La jornada inaugural se hizo a caballo a lo largo de la manga de coleo y Raúl “Numerao” González en un caballo castaño, introdujo el programa mientras se cumplía el arreo de novillos y los participantes alistaban  rejos y sombreros para reforzar cada intervención.

El Plan de Salvaguarda exige la defensa de la propiedad Llanera, de su entorno de vaquería, caminos ganaderos, fondas, fincas y hatos, es decir, todo lo amenazado por la Ley ZIDRES.

Llaneros, utopía moribunda

Por Alberto Baquero Nariño

El tratadista guariqueño Adolfo Rodríguez afirma que la unidad sabana-hombre-caballo es una utopía realizada, que se construye a partir de la sólida economía de los hatos, los cuales emergen como una realidad sociológica pese a la negación artera que durante la colonia y la república, izaron en los llanos.

El crisol llanero se externaliza como neoetenia con todos los elementos patrimoniales decantados, en el portentoso laboratorio laboral de la vaquería, en el cual todos los oficios, utensilios, instrumentos y expresiones folclóricas le pertenecen y representan.

La utopía del llanero realizada por ancestros y forjada en la noche de los tiempos, se encuentra amenazada, constreñida y moribunda. La invasión aleve a los Llanos es cruda, real, maciza, cierta.

El proceso demoledor lleva sustitución de los cantos relancinos por canciones de burdel, expulsión de llaneros, la destrucción de los hatos y el acoso a la propiedad tradicional.  

Dilemas de identidad

Por Alberto Baquero Nariño

A la identidad le han clavado punzones mortales. La enseñanza amañada de la historia, genera cambio en el pensum a mitad de los noventa, el cual refunde geografía e historia en una cátedra-  costura.

La ruralidad urbanizada a partir de los sesenta trae consigo mutaciones. Creencias, usos, costumbres y utensilios desaparecen son reemplazadas. Cachuchas por sombreros o botas por cotizas. Lo tradicional se embodega para dar paso a calcos ajenos. Las fuerzas del mercado invaden y desgarran lo ancestral.

La tecnología dirige con sus continuas aunque interesantes novedades. El conjunto tradicional ahora usa micrófono, bajo eléctrico y sofisticados sintetizadores. El furruco y la sirrampla pasan a mejor vida, ante la indiferencia colectiva. Los videos los pueden realizar las personas con celulares y “drones”.

Bayetón por capas plásticas, caballos por ciclas y motos, riñas a puño y pata limpia por pistolas y cuchillos, palabra dada por engaño.

sábado, 17 de octubre de 2015

las edades

Por Alberto Baquero Nariño
Cuando el llanerazo Rubén Camejo cumplió 43 años en 1991, su esposa Nelsa Baquero exclamó llorosa… “Rubén se puso viejo; ojalá que mi Dios me lo deje unos años más”. Pensé que esa expresión era un tanto insólita  dado el vigor que en esa época tenía aquel juglar; a pocos me di cuenta que en Arauca el rasero para medir la vigencia de los vaqueros son las ganas para montar a caballo en duras jornadas de la vaquería; es el oficio principal, la marca ancestral, la heredad.
A Rubén y a todos nos preocupa el temple de la herramienta principal y por ello a los de confianza él les pregunta con sorna maliciosa, que si anda bien brioso el mocho viejo.
En la medida en que sucede el fenómeno del crecimiento de ciudades  –pensé- la sociedad maduraría para ver a su gente en dimensiones diferentes a la del tiempo que corroe pieles y huesos, si la mirada colectiva le pudiese otorgar a cada quien un lugar sustantivo, según el mérito familiar, la presencia cultural, la prestancia social o la profesión y el oficio dignamente ejercidos.
Se sabe que en la angustia medieval cuando la esperanza de vida de los humanos era apenas de 35 años, se intentó crear la piedra filosofal para buscar la juventud eterna y los orates encomendaron tamaña tarea a los alquimistas que encriptaron sus hallazgos o los colocaron a manera de emblemas esotéricos en las monumentales catedrales de Nuestra Señora de París, de Milán, de Brujas o de Zagreb.
Pero en cambio por estos lares hasta los tahúres ruinosos aparentan  ser consejeros eficaces de las más hermosas y elegantes damas que casualmente caen en su charla sobre algún galán de marras… “Vea mija… a una mujer tan bella y de tanta alcurnia como tú, no le queda bien salir con ese viejo cacreco. Usted tan linda y joven –agrega mirándole las piernotas- puede conseguir a quien sumercé, mamacita buenona le ponga el ojo”.
Hay consejeras oficiosas  que hacen juicio sobre la edad del pretendiente ajeno por pura envidia con las otras porque no pueden hacer el amor con su tarzán, como cuando Fermina Daza y Florentino Ariza en “El amor en los tiempos del cólera” decidieron entregarse con el esfuerzo sumo de sus 90 años a la deliciosa pasión, cuando todo aquello estaba muerto.
Caminar por la calle con cultores de la  identidad y la pertenencia ancestral que cargan los años a cuestas, causa la conseja ruin de ciertos vagos que coincide extrañamente con el decir de damas de alcurnia que comentan… “Allá anda el Concilio de Trento, que duró varios siglos”.
Ser consejero de casamenteras con pretendiente mayor es una vaina porque hay tentación… “En los oficios se pasa a la reserva pronto, pero los hombres de letras como yo, bomboncito rico, adquirimos vigencia con el tiempo”.

Yo le decía al loco Rubén, el as del coleo güesiao, que soy caballo relancino con mi potrica zaina. Pero por acá, la gente ignora que me toca barajustar con música, joropo amacizado y carreta fluida para en la faena enjaezar a una hermosa yegua entrenada o a una potra cimarrona. Por eso a consejeras y tahúres les digo que a mí, si a mí, que por favor no me jodan!

el poder femenino

Por Alberto Baquero Nariño
Es la hora de Marcela en el Meta y de Clara en Bogotá. La peste machista al izar el infame tatuaje de la exclusión, pontifica que la mujer no cree en la mujer. Pero ellas detentan una oportunidad reivindicatoria capaz de borrar intransigencias y revivir armonías.
Ambas tienen trayecto antropológico en múltiples escenarios institucionales y han soportado veleidades políticas en sus hogares, mientras ejercían el sublime sacrificio de parir.
Ellas son capaces de imponer la decencia, darle significado a la ternura, cuidarnos con amor y orientar la conquista de los derechos de la naturaleza. Saben cuál es el sitial de la ilusión y la esperanza porque han amamantado. Y si logran gobernar desde el altar de su vocación natural, serán la urgente alternativa.
Las dos tienen retos para forjar hábitats sustentables,  alteradores de contextos pervertidos hacia escenarios nobles. Ambas heredan  mojones aun endebles. Derruir la obtusa trama de la ruindad les marca la trocha y la marcha.

Fermina y Florentino

Fermina y Florentino  Por Alberto Baquero Nariño
El nobel Vargas Llosa con la hermosa Isabel Presley, despierta conjeturas con el “Amor en los Tiempos del Cólera” de Gabo. Mario interesante a sus 80, mientras Florentino a los 90 le pesan los huesos. Fermina con 86 le acepta un lánguido romance poco antes de expirar, e Isabel con 64, se muestra dichosa con el autor de “Pantaleón y las visitadoras”. Florentino la amó con todas las fibras de su ser durante tres cuartos de siglo, tiempo en el cual ella lo desdeñó, primero por ser una dama leal a su esposo a quien le guardó décadas de un luto doloroso para el pretendiente y, luego le dio de largas, por una extraña e indescifrable sinrazón de las mujeres.     
¿Todavía iza bandera? ¿Ella que le encuentra? ¿Cuánto le daría? Es seguro que iza y hunde el asta. Ella es feliz porque halla a alguien que le dimensiona su prestancia, más allá de la farándula y la frivolidad. Él, esta dichoso con semejante mamazota.
¿Y nosotros, qué? Nos toca solo la pérfida envidia y el delicioso chisme.